Es la primera pregunta que se hace cualquiera antes de conectar un robot de trading, y la que más respuestas infladas recibe. La verdad incómoda es que el mínimo que acepta tu bróker y el mínimo con el que tiene sentido operar son dos cifras muy distintas. Aquí tienes números concretos, costes reales y una regla que no deberías saltarte nunca.
El mínimo técnico no es el mínimo sensato
Empecemos por deshacer un malentendido. Cuando un bróker anuncia «cuentas desde 10 €», habla del depósito mínimo para abrir la cuenta. Eso no significa que con 10 € puedas operar de forma razonable: significa que puedes entrar por la puerta.
En realidad hay tres cifras distintas, y conviene no confundirlas:
- El mínimo del bróker: lo que te exige para abrir cuenta. Es una cifra comercial, no operativa.
- El mínimo técnico: el capital necesario para que el robot pueda abrir su posición más pequeña (normalmente 0.01 lotes), cubrir el margen que exige el bróker y no morir en el primer retroceso por un stop out.
- El mínimo sensato: el capital con el que esa posición mínima representa un riesgo pequeño de tu cuenta y con el que los costes fijos no se comen cualquier resultado posible.
Un robot no hace magia con el tamaño de la cuenta: ejecuta reglas. Si el capital es tan justo que cada operación se juega un 10% de la cuenta, no tienes un sistema de trading, tienes una cuenta atrás. La distancia entre el mínimo técnico y el sensato es exactamente la que separa «poder ejecutar órdenes» de poder sobrevivir a una mala racha —lo que en trading se llama drawdown, y que llegará, porque siempre llega.
Un ejemplo con números: oro y micro-lotes (0.01)
Bajemos a tierra con el instrumento que mejor conocemos: el oro (XAU/USD).
- En la mayoría de brókers, 1 lote de oro equivale a 100 onzas. El micro-lote (0.01) equivale, por tanto, a 1 onza.
- Con el oro cotizando, por poner un ejemplo, en torno a los 3.300 $, ese micro-lote mueve un valor nominal de unos 3.300 $.
- Para un cliente minorista en Europa, el apalancamiento máximo en oro suele ser 1:20. Abrir ese 0.01 exige, así, unos 165 $ de margen.
Pero el margen es solo la entrada al cine. Cada dólar que se mueve el precio del oro supone 1 $ de ganancia o pérdida por micro-lote, y el oro se mueve: sesiones con rangos de 30, 50 o más dólares no son ninguna rareza. Una sola posición de 0.01 puede oscilar decenas de euros en un día normal.
Haz la cuenta al revés, que es como se hace bien: si tu sistema trabaja con stops de, digamos, 15 $ de recorrido, cada operación con 0.01 arriesga unos 15 $. Para que eso sea un 1–2% de tu cuenta —la zona donde suele moverse una gestión de riesgo prudente— necesitas entre 750 y 1.500 €. Esa es la aritmética real detrás del «mínimo sensato», y la razón por la que una cuenta de 200 € que sobre el papel cubre el margen sigue siendo una cuenta frágil en la práctica.
Capital mínimo sensato ≈ riesgo por operación en euros ÷ porcentaje de riesgo que aceptas. Con 15 € de riesgo por operación y un 1,5% por operación, salen 1.000 €. Sustituye los números por los de tu sistema y tendrás tu cifra: la tuya, no la de un anuncio.
Los costes que nadie te cuenta
La rentabilidad de un robot no empieza en cero: empieza en negativo. Antes de ganar un solo euro, la cuenta tiene que pagar todo esto:
- Spread: la diferencia entre el precio de compra y el de venta. En oro suele rondar los 0,20–0,40 $ por onza según bróker y hora. Cada operación nace perdiendo esa cantidad.
- Swap: el coste de financiación por mantener posiciones abiertas de un día para otro (con el triple cargo habitual de los miércoles). En estrategias que aguantan posiciones varios días, pesa.
- Comisiones: en cuentas ECN o raw pagas una comisión fija por lote a cambio de un spread más fino. No es ni mejor ni peor: es otra línea que sumar.
- VPS: si quieres que el robot opere 24/5 sin depender de tu ordenador, necesitarás un VPS para trading: entre 5 y 15 € al mes, normalmente.
- La licencia o suscripción del robot: el coste del propio software. Cualquier proveedor serio —nosotros lo hacemos en homeaureum.com— debería publicarlo con claridad antes de pedirte nada.
Lo decisivo no es cada coste por separado, sino su peso relativo: los costes fijos son los mismos con 500 € que con 20.000 €, así que cuanto más pequeña es la cuenta, más alto es el listón que el robot tiene que saltar solo para quedarse igual.
10 € de VPS y 30 € de suscripción son 40 € al mes: 480 € al año. Sobre una cuenta de 1.000 €, el robot necesita un +48% anual solo para pagar la infraestructura. Sobre 10.000 €, ese mismo listón baja al 4,8%. Es la razón matemática por la que las cuentas demasiado pequeñas juegan con las cartas en contra.
La regla de oro: solo capital que puedas permitirte arriesgar
Todo lo anterior es aritmética. Esto es lo importante: en trading apalancado puedes perder todo el capital depositado, con robot o sin él. Ningún historial, ningún backtest y ninguna métrica lo impide.
Por eso la regla no tiene letra pequeña: a la cuenta de trading solo entra dinero cuya pérdida total no te cambie la vida. Ni el fondo de emergencia, ni el dinero del alquiler, ni ahorros con nombre y apellido. Si una cifra te parece «poca cosa» para empezar pero perderla te dolería de verdad, esa cifra tampoco vale.
Hay además un motivo práctico, no solo prudente: si el dinero te duele, no dejarás trabajar al sistema. Intervendrás en mitad de una racha de pérdidas, apagarás el robot en el peor momento posible y convertirás una caída temporal en una pérdida definitiva. El capital emocionalmente sostenible es también el capital estadísticamente útil.
Si para «empezar en trading automático» tienes que tocar ahorros que necesitas, pedir prestado o aplazar pagos, la respuesta a la pregunta de esta guía es sencilla: todavía no. El mercado seguirá ahí cuando tu situación lo permita.
Cómo escalar de forma progresiva
La buena noticia es que no tienes que decidir la cifra definitiva el primer día. La forma sana de dimensionar la cuenta es por etapas:
- Demo primero. Unas semanas viendo al robot operar sin dinero real te enseñan su ritmo, su frecuencia y qué hace en los días feos. Gratis.
- Real pequeño. Una cantidad modesta dentro de tu mínimo sensato. El objetivo de esta fase no es ganar: es comprobar que la ejecución real (spread, deslizamientos, swap) se parece a lo que esperabas.
- Meses, no días. Antes de subir capital, deja que el sistema atraviese distintas condiciones de mercado, incluida alguna racha de pérdidas. Es la única forma de saber cómo tolera la parte fea tu estómago, no solo tu hoja de cálculo.
- Sube por escalones. Si tras varios meses los números reales y tu tranquilidad acompañan, incrementa por tramos y revisa el riesgo por operación después de cada subida, no antes.
Y un matiz que casi nadie cuenta: escalar también funciona hacia abajo. Si la operativa te quita el sueño, reducir capital no es fracasar: es ajustar el sistema a su usuario. El objetivo no es operar lo más grande posible hoy, sino poder seguir operando dentro de un año.
Resumen con tabla orientativa
Con todo lo anterior sobre la mesa, así queda el mapa. Recuerda que es orientativo, no una recomendación:
| Capital inicial | Qué permite | A qué atenerte |
|---|---|---|
| Menos de 150 € | Cubrir el margen de un 0.01 en muchos brókers | Riesgo por operación desproporcionado y costes fijos inasumibles. No es un punto de partida serio. |
| 300–500 € | Aprender en real con dinero pequeño | Fase de formación: los costes fijos pesarán mucho y el objetivo no puede ser la rentabilidad. |
| 1.000–2.000 € | Riesgo por operación del 1–2% con micro-lotes en oro | Punto de partida razonable para la mayoría. Los costes fijos aún se notan. |
| 5.000 € o más | Gestión de riesgo holgada y costes diluidos | Los números empiezan a parecerse a los de las pruebas. El riesgo de pérdida sigue existiendo igual. |
Tu cifra exacta depende de tu bróker, del riesgo por operación de tu sistema y de tu situación personal. Pero si te quedas con una sola idea de esta guía, que sea esta: no busques el mínimo con el que se puede operar; busca el mínimo con el que se puede operar bien.
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